Manuel Eduardo González ¿De quién es este mar?
Por Félix Suazo
1.-
¿De quién es este mar?, exposición de Manuel Eduardo González en La Galería SPAZIOZERO propone una relectura del imaginario territorial venezolano y su relación con el Mar Caribe. La pregunta que da título a la muestra no es retórica, como tampoco lo es el contrapunto visual entre lo insular y lo continental. La geografía es caprichosa, así como las ideas que definen una nación. Entonces ¿de quién es este mar, a veces propio y en ocasiones ajeno?
La respuesta es confusa y sujeta a circunstancias específicas. Además, depende de quién pregunta —nativo o extranjero— y desde dónde lo hace —in situ o extramuros—. La estrategia de Manuel Eduardo González consiste en yuxtaponer imágenes y textos de diversas fuentes documentales: libros, publicidad, películas y grabados. Con ello reconstruye un paisaje híbrido, donde se superponen íconos e historias de distintos tiempos. Palmeras, portaviones, palabras, cuerpos, mapas, emergen como representaciones de un territorio sitiado por colonos, piratas, corsarios, turistas y marines. Entre tales eventos, el país imaginario dubita entre el mar y la tierra firme.
Frente a "las riberas bordadas de palmares"1, el desterrado divisa el lugar de su añoranza, los pescadores colectan tesoros que nunca serán suyos, los devotos festejan a su patrona en el agua, los inversionistas beben cócteles en barriles y los turistas sacian el ocio con sal y arena.
No es retórica. Ese mar de muchos dueños es el mismo que trajo a Cristóbal Colón a la "Tierra de gracia", el de la epístola libertaria suscrita por el Libertador en Jamaica, el de Juan Antonio Pérez Bonalde en su "Vuelta a la patria", el de las perlas de Cubagua, el de los sediciosos de Machurucuto, el de las procesiones marianas en peñero, el de la "Balandra Isabel" llegando al puerto, el de los residuos del deslave y el de los destructores del Comando Sur. Ese mismo mar es también el de la luz volátil que pintó Armando Reverón, el de "La Margarita" retratada por Alfredo Boulton y el de los mapas intervenidos de Claudio Perna.
El Caribe de Manuel Eduardo González, en cambio, es una cuenca líquida en cuyo borde zozobra un país sin estaciones. Una nación de postal que anuncia al mundo la disponibilidad de sus prodigios. El sustrato anecdótico merodea las imágenes con un aura de ironía. La fijeza de los mapas y las palmas vacías sugiere un mar en calma y amistoso. En la superficie flotan imágenes de archivo y letreros vistosos. Pero en el fondo invisible, nadan los folios de una contienda inacabada entre el norte antillano y el sur expandido.
El Caribe que perfilan los fotogramas fílmicos y las fotos instantáneas de Manuel Eduardo González, es un umbral no una definición. Mar mutante frente a un coloso de tierra que despliega sus bondades en "cada vario clima"2 de la tórrida ribera. Interfaz acuosa que franquea el paso hacia los médanos secos, las llanuras anegadas y los picos nevados. Mar de vidrio opaco y filtros rojos donde asoma el destello fluctuante de Venezuela, "The Best Kept Secret in the Caribbean "3.
2.-
Nacido en La Guaira en 1988, Manuel Eduardo González ha centrado su práctica en la exploración meticulosa de su entorno. Desde allí plantea una deconstrucción crítica del paisaje y sus representaciones. Su trabajo, al igual que la nachleben warburgiana, se concentra en el efecto disruptivo de la imagen perviviente como punto de conexión del pasado y el presente4.
Siguiendo el rastro "humeante" de un contacto remoto con lo real, las imágenes empleadas por Manuel Eduardo González recorren también la historia de los medios de visión; del grabado al video, pasando por la pintura, el collage y la fotografía. Y en cada caso, el cambio de soporte (tela, fotograma impreso, papel pegado o recortado, etc.) supone una lectura oblicua del relato dominante. Aparentemente intactas en su intensidad afectiva (Pathosformel), las imágenes toman un sentido diferente.
Asunto persistente en el arte venezolano, el paisaje configura un ámbito de pertenencia, que en el trabajo de Manuel Eduardo González está en constante revisión. De ahí, sus palmeras invertidas, sus plantas en invernaderos y sus mapas silueteados. De ahí también la repetición de los motivos. Mismos iconos reproducidos con medios distintos o sobre materiales diferentes, equivalen a nuevas visiones.
En la exposición ¿De quién es este mar? todos estos elementos están en escena. El Caribe es un paisaje de anacronismos que redefine las expectativas de un país alternable. Hay fricción entre la historia y la imagen. Del mismo modo, hay choques entre la experiencia y el dato. El sentido, sin embargo, fluye en los intersticios de la imagen y sus modos de aparición.
Marzo, 2026
1 Juan Antonio Pérez Bonalde. Vuelta a la Patria, 1877.
2 Andrés Bello. Silva a la agricultura en la zona tórrida, 1826.
3 Eslogan publicitario empleado por la Corporación de Turismo de Venezuela, Corpoturismo, para promocionar el país como destino turístico durante la década de 1980.
4 Cfr. Georges Didi-Huberman. La imagen superviviente. Historia del Arte y tiempo de los fantasmas según Aby Warburg. Traducción Juan Calatrava. Abada Editores, S.L. Madrid, 2009.