Valiéndose de estrategias conceptuales de superposición, recorte y ensamblaje, Manuel Eduardo crea narrativas que enlazan temporalidades disímiles en un ejercicio de anacronismo: un espacio temporal que permite errores, indeterminaciones y relecturas de hallazgos de interés para nuestro artista; episodios poco conocidos pero relevantes que dan sustento al relato de la gran Historia –-esa conformada por victorias, batallas y fábulas rimbombantes en torno a alguna figura paternalista libertadora.
Por el contrario, los recortes históricos de Manuel Eduardo se centran en relatos profundamente vinculados al paisaje y sus implicaciones políticas, culturales, idiosincráticas y contextuales. De esta manera, el artista construye imágenes híbridas, complejas, en las cuales saltos, intervalos y supervivencias nos permiten leer entre líneas su relación con el ahora, marcado por las capas que subyacen del pasado nada distante.
Como una revisión de su sexta exposición individual Yo también soy naturalista –presentada en la Galería Spazio Zero, Caracas, 2022–, la muestra actual busca dar continuación a las investigaciones especulativas de Gonzalez, ubicadas en una Venezuela gobernada por el guzmanato y fundamentadas en los documentos del expedicionista inglés James Mudie Spence (1836-1878). Un viajero que llega al país con las intenciones de conseguir concesiones para la explotación de recursos naturales y cuyas crónicas, recogidas en la publicación La Tierra de Bolívar: Paz, guerra y aventura en la República de Venezuela (1878) nos hablan de un paisaje desdibujado y afectado por la inestabilidad.
Impulsada por una necesidad de dar sentido al desconcierto respecto al tiempo que lo interpela, a través del archivo y el documento, la obra de Manuel Eduardo González hace uso del anacronismo que existe en toda reiteración histórica. Así, valiéndose de este síntoma como estrategia conceptual, el artista plantea un archivo que determina la forma de su propia historicidad: un relato hecho de sedimentos y posibilidades que entrecruzan las líneas cronológicas para plantear relaciones entre la economía del guano y la del petróleo, de la explotación del paisaje natural con el tráfico actual de sus recursos, de la larga duración de los gobiernos y el exacerbado enaltecimiento de sus líderes, entre otros episodios comunes entre el siglo XIX y el XXI.
Finalmente, a través de la declaración del ‘yo’ hecha por el asistente de Anton Goering y recuperada por Manuel Eduardo González en el título original de la muestra (Yo también soy naturalista), el artista declara una postura sugestiva ante la historiografía del arte venezolano, al afirmar su nombre como uno más dentro de esta tradición que nos persigue: la de un paisaje que, afectado por decisiones del presente, no deja de llevarnos a pensar nuestros ayeres.
Manuel Vásquez Ortega